Se sabe capaz de todo, poderosa, lo que no le interesa ni lo ve, y la vida que ha tejido a su alrededor, a pesar de los contratiempos, le queda pequeña. Está en una metamorfosis esplendorosa. Le ha tomado el pulso al mundo y se da cuenta que su apetito puede con todo, basta con que se lo proponga. Siempre piensa en el gran salto, en cuando será el momento. Está convencida que si lo da será más feliz pero no será más infeliz si no lo da. ¿Viene la felicidad por ahí? Es un placer verla caminar, verla mirar, observarla mientras está sentada y charla con las cazitas girls... Y es que ese esplendor femenino nos habla de una visión apasionada de la vida, cuando nada se mide en términos de nada que no sea la vida en estado puro y sin ataduras.
En cualquier caso al que ama le da igual. Está dispuesto a renunciar a todo, salvo a la adoración de lo amado. Una mirada a la mirada de alguien que mira al amado nos ofrece una mirada plena, entregada. Ingenio, inteligencia, viveza, curiosidad.
Y llegados a este punto nos preguntamos; ¿cual es la respuesta? Ninguna, no hay solución porque no hay problema.