
Tras la intensa galopada por las praderas dérmicas ella duerme placidamente. Él se levanta y se dirige al jardín, se sienta en la misma silla donde unas horas antes ha charlado con ella mientras tomaban una copa. Enciende un cigarrillo del paquete que ella había dejado sobre la mesa y aspira con suavidad y mirando al fondo, a la oscuridad, invoca al diablo. Éste no se hace de rogar, casí al momento comparece tosiendo entre espirales de humo con toda su parafernalia de fin de semana: aspecto caprino, aguzada perilla, capa negra, risotada estruendosa y pestazo de azufre, y en tono jocoso y filosófico, entre desafiante y deferente, le dice: "Está bien, te desvelaré -pues adivino que es firme y franco tu ansia de conocer - el sentido de la vida; mas, a cambio tu alma ("All of you"), que algo me pertenece ya por perversa e inflamada, será sin falta mía para la infinitud. Palabra de cabrón".
A Tito, el gato de un solo ojo y que siempre ve el vaso medio lleno y que dormitaba -como es norma en él- detrás de una maceta con flores de Bombón, se le pusieron los pelos de punta. Y en su jaula, Calvin, el canario sin plumas que picoteaba con maña un trozo de plátano del postre, también se estremece.
No es sencillo separarse del alma, del principio esencial con el que uno ha recorrido ya un extenso trayecto migratorio de una existencia a otra. (porque es fácil creer en la reencarnación y no tenía dudas de que ya había agostado ("Any other time") diversas y complejas vidas. No obstante esta era una ocasión única para alcanzar la nada y descansar por fin en la gran noche ("no more, chico encantador"), librándose de una vez para simpre del inalterable ciclo cósmico.
(Ahora sonaba "Quién es ese hombre") en la voz del Grande Pavarotti.
1 comentario:
Y yo que pensaba que las almas en oferta no estaban de moda... aunque desde que el ex Cardenal Ratzinger viste zapatos de Prada parece que el tal Belcebú ha vuelto a adquirir protagonismo.
Publicar un comentario