viernes, 31 de agosto de 2007

"Quizá sea una oveja negra, pero mis pezuñas son de oro" P.B. JONES (bajo los efectos de la gripe)

Porfirio Rubirosa fue un mito que pululaba de boca en boca dentro del circuito continental, generó en poco tiempo el sine qua non del aventurero con éxito: el misterio y el deseo popular de escudriñar sus orígenes. Por ejemplo, Doris Duke y Barbara Hutton habían pagado, con fines prácticos un millón de dólares para descubrir si mentian las damas que elogiaban a ese pedazo de puto con pelo de lunático, su Excelencia el chulazo dominicano Porfirio Rubirosa, y que gemian en honor de la gruesa eficacia de esa polla cuarterona, al parecer, un plomo color café au lait de veintiocho centimetros, gorda como la muñeca de un hombre (según las hilanderas que habían enhebrado ambos prodigios en sus chismes,sólo en Sha de Irán era comparable al embajador en el desfile de pollas) En cuanto al bueno del difunto principe Ali Khan, lo único que esas putonas querían saber era: "¿Es verdad que ese semental puede tenerla metida toda una hora, cinco veces al día y sin correrse?" Supongo que ya lo saben, pero por si no lo saben, la respuesta es sí. Se trata de un artificio oriental, prácticamente un truco mágico llamado karezza, cuyo ingrediente principal no es la potencia espermática sino el control imaginativo, es decir, al mismo tiempo que uno chupa y folla, hay que imaginar en todo momento una simple caja de cartón o un perro corriendo al trote. Claro que, al mismo tiempo, hay que atiborrarse de ostras y de caviar, y no tener ninguna ocupación que interfiera en la actividad de comer, roncar y concentrarse en simples cajas de cartón.
Plegarias atendidas.

martes, 28 de agosto de 2007

FRANCISCO UMBRAL

Seguirá vivo en el recuerdo y en su obra.

Habrá quien aún se asombre del empecinamiento de Umbral por entrar en la RAE. Yo también, pues no hay más que leer a quienes allí sestean y cobran del erario público, para saber que no es lugar de interés. Que nadie olvide que Umbral -ahí está su mérito mayor- se hizo a sí mismo. Un año en la escuela de chaval, el corte brutal con la dureza de la posguerra y a ganarse el pan escribiendo donde le dejaran a uno. Joder, todo el mundo tiene derecho a la vanidad, no sólo los señoritos de mierda que aprendieron inglés en Londres costeados por papá.
A pesar del daño que hizo a la vista con la perfomance aquella en la que el Rey le entregaba el Cervantes en posición de firmes ante el bigote aznariano me quedaré con lo mejor, sus obras.

Memorias de un niño de derechas

Días felices en Arguelles

Las ninfas: la novela de un muchacho pobre y letraherido en una España miserable y analfabeta que era toda ella provincia y aire de posguerra.

La noche que llegué al café Gijón: es el libro de Umbral que a mí más me llega. Es una crónica de los años sesenta con la tertulia del Gijón como eje.
Escrito sin una concesión a la retórica -a Umbral le perdía la retórica- y en un estilo directo, periodístico, ágil, es un libro que yo pongo al más alto nivel. Hubo polémica en su día por la supresión de la preposición "en" del título, que Umbral justificó por motivos prosódicos y que Lázaro Carreter estimó todo un descubrimiento.

Leyenda del Cesar Visionario: la novela en clave esperpéntica sobre Franco y la corte de los laínes. Caricatura tronchante de la altisonante retórica falangista de cuando entonces, es quizá su novela más lograda. Se lee del tirón y siempre con una sonrisa cabroncilla a punto de aflorar a los labios.

Y por supuesto su "Spleen de Madrid" cuando aún escribía en El País y cuando en uno de ellos llamó a Margarita Tatcher "la menopáusica de la historia"



Aquí

viernes, 24 de agosto de 2007

Reflexión


Uno es capaz de alturas y bajuras al mismo tiempo; pero la cuestión es intentar ser valioso, valiente, dar lo mejor que se tiene (la inteligencia, el talento, la capacidad de trabajo, la perseverancia, la cultura, la honestidad), y lo peor (cierta prepotencia, cierta incapacidad para transmitir,torpeza, desavenencia). En fin, qué puede decirse de alguien capaz de pensar que "no basta con triunfar: los otros deben fracasar" (esa es de mi Gore Vidal). Seguramente, que el triunfo siempre será relativo. Pero indiscutible.
¿Vale la pena triunfar así?

jueves, 23 de agosto de 2007

El jardín perfumado


Estaba yo en ese momento mirando el trasero de cierta aguerrida amazona, y no me enteraba de mucho para poder hablar de decoración.
Sin embargo sí puedo hablarles de una técnica de judo que consiste en situarse detrás del adversario y pasar el brazo derecho por delante de su cuello y agarrarnos el antebrazo izquierdo con la mano derecha mientras con la mano izquierda tomamos su cuello. Esto provoca una doble estrangulación, sanguinea y respiratoria que produce el desmayo en cinco segundos.
Hay que tenerlo presente antes de intentar frotar la entrepierna con esas rocosas columnas.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Susana Dosamantes


Yo suelo deleitarme con los nombres. ¡Hay que paladearlos durante la pronunciación! Los festines fonéticos son de los más gozosos.

martes, 21 de agosto de 2007

Aclararse

Sin el sentimiento de extrañeza ante el mundo, ante el hecho de existir, sin ese sentimiento es imposible pensar filosóficamente. Los que dan el mundo por bueno, por hecho y por bien hecho, los que no se preguntan espontáneamente sobre la esencia y la finalidad del encontrarse, sea porque los postulados de una religión les han conformado así el cerebro, sea porque las falsedades de una pseudofilosofía así se lo han deformado, sea porque su capacidad mental no va más allá del entendimiento perruno, ésos no tienen nada que hacer en el pensamiento. No importa que lean muchos libros, que escriban extensos tratados, que impartan lecciones magistrales, que se adornen con todos los premios con que la Universidad obsequia a los lacayos del Estado. Nunca serán pensadores. Para pensar filosóficamente es imprescindible partir de aquel sentimiento de extrañeza, y nunca abandonarlo del todo.

lunes, 20 de agosto de 2007

Grande

Para Susana: (lo de Benicio)
Hay muchos que no tienen pensamiento propio.
No hay que preocuparse demasiado, ya nos lo dan todo hecho y además le ha ocurrido a los mejores. Michel de Montaigne, Francis Bacon, Samuel Johnson, Thomas de Quincey, Blaise Pascal, Joubert, y no sé cuantos moralistas gabachos más. Eran divulgadores.
Luego están los que como Schopenhauer o Thomas Bernhard tienen un poderoso pensamiento propio, pero no los aceptan los burócratas de la casta filosofal.
A mí me encantaría no tener pensamiento propio debe estar pensando algún que otro "filósofo"
Benicio