viernes, 31 de agosto de 2007

"Quizá sea una oveja negra, pero mis pezuñas son de oro" P.B. JONES (bajo los efectos de la gripe)

Porfirio Rubirosa fue un mito que pululaba de boca en boca dentro del circuito continental, generó en poco tiempo el sine qua non del aventurero con éxito: el misterio y el deseo popular de escudriñar sus orígenes. Por ejemplo, Doris Duke y Barbara Hutton habían pagado, con fines prácticos un millón de dólares para descubrir si mentian las damas que elogiaban a ese pedazo de puto con pelo de lunático, su Excelencia el chulazo dominicano Porfirio Rubirosa, y que gemian en honor de la gruesa eficacia de esa polla cuarterona, al parecer, un plomo color café au lait de veintiocho centimetros, gorda como la muñeca de un hombre (según las hilanderas que habían enhebrado ambos prodigios en sus chismes,sólo en Sha de Irán era comparable al embajador en el desfile de pollas) En cuanto al bueno del difunto principe Ali Khan, lo único que esas putonas querían saber era: "¿Es verdad que ese semental puede tenerla metida toda una hora, cinco veces al día y sin correrse?" Supongo que ya lo saben, pero por si no lo saben, la respuesta es sí. Se trata de un artificio oriental, prácticamente un truco mágico llamado karezza, cuyo ingrediente principal no es la potencia espermática sino el control imaginativo, es decir, al mismo tiempo que uno chupa y folla, hay que imaginar en todo momento una simple caja de cartón o un perro corriendo al trote. Claro que, al mismo tiempo, hay que atiborrarse de ostras y de caviar, y no tener ninguna ocupación que interfiera en la actividad de comer, roncar y concentrarse en simples cajas de cartón.
Plegarias atendidas.

No hay comentarios: