El verdadero objeto de la educación es engendrar felicidad. Debe entenderse: enseñar al educando a procurarse a si mismo la mayor felicidad posible.
Es en la infancia y en la adolescencia donde hay que cimentar una voluntad de hierro, y es la voluntad una potencialidad humana que crece con su ejercicio continuado cuando se entrena en direcciones determinadas.
Criadora: Desde luego los niños pueden ser muy crueles.
Pita (M): ¿Podemos? ¡Gracias, mamá!
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