
Me asombro de cosas que a nadie sorprenden. De que cada día sea un motivo de alegría, por ejemplo. Soy de los que a pesar del madrugón no me despierto de mal humor. Me encanta el olor del café, el runrún de la ciudad, el cielo añil o nublado. Me complace que las calles estén en su sitio,a pesar del alcalde, quedar con un amigo en un café o no quedar con nadie, salvo un libro y la música del zippy. Me gusta comer siempre a la misma hora, ver la televisión durante la cena, hablar por teléfono o en persona con Susana, consultar el correo electrónico, darme una vuelta por el inagotable laberinto de Internet. Me gusta estar enamorado, pasarlo bien aun estando enamorado, ir de compras , ir del cielo al infierno, y caer de pronto, sin provocarme una lesión que me impida ver el derby el domingo. Me gusta la vida que llevo, ¿para qué lo voy a negar? En un mundo inestable, yo me esfuerzo por estar siempre equilibrado.
¿Soy afortunado? Soy todo lo bienaventurado que un hombre puede ser, que no es mucho. Me aterra que los problemas acechen a la gente que quiero, me angustia la angustia sin causa y sin pausa de mi clan, me salpica la sangre inocente.
Pero cada amanecer, por unos momentos, antes de leer las noticias, siento que la vida vale mucho la pena. Me gusta ver salir el sol, respirar hondo y sentirme una persona completa, el rey del mundo.
1 comentario:
Pues claro que eres el rey del mundo, mi epicúreo.
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